Notas de la Gira por Europa 2011 (Primera parte)

Aquí les compartimos algunas notas sobre la gira que hicimos por Europa entre mediados de septiembre y mediados de octubre de este año. Anduvimos por España, Suiza, Austria y Alemania. Queremos relatar algo de lo que sucede cuando una ruidosa banda de tercer mundo irrumpe en la tranquilidad del primero….

14 de septiembre de 2011. Aeropuerto de Schipol, Amsterdam, Holanda.

Dos mexicanos con cuerpos de perros parados han sido separados de la fila de documentación migratoria de este aeropuerto y llevados a una oficina adjunta. Estos dos dirty mexicans dicen pertenecer a una banda de rock de nombre Puerquerama. Aunque traen pasaporte en regla y una carta de invitación a un festival en España, su portación de cara y su corte de mohicano es motivo suficiente para levantar la sospecha de la migra europea.

Los gendarmes holandeses (altos, rubios, ojiclaros) les hablan en un inglés que los mexicanos apenas entienden. ¿Cómo es que una banda se puede llamar Puerquerama? Le increpó el jefe de gendarmes a los mexicans. Pues así es. Así nomás. Así nos llamamos.

Incrédulo, el oficial se sienta frente a su computadora, suspira, pone su mano derecha en el mentón  y googlea esa fea palabra: p-u-e-r-q-u-e-r-a-m-a. No da crédito: le aparecen resultados. “Puercueruame, ¡oh foc!” Dice, para sí, el güero y comienza su búsqueda (¡en Google!)  de algún posible factor de riesgo para la, cada vez más en entre dicho, estabilidad europea. “Chingones los métodos de inteligencia de la migración europea” pensaron los dos perros flacos mexicanos que tampoco daban crédito de esta locura.

En una de las fotos que aparecen en el espacio virtual, el oficial ubica a los dos sospechosos. Su semblante duro y mal encarado comienza a relajarse y hasta se le quiere dibujar una pequeña sonrisa. Les pregunta que dónde está el resto de la banda.

Ellos responden (o lo intentan): Ni hablar. Las bandas del tercer mundo tenemos que buscar las alternativas más baratas para llegar el primero y viajar separados fue la opción. Entonces unos entraron por París, otro por Barcelona, uno más por Londres y estos dos desventurados  por Amsterdam. El objetivo de nuestra visita: Venimos a mostrar nuestra música porque un festival nos ha invitado, quizá ganaremos un poco de dinero, pero que puede estar seguro el oficial que nuestras ganancias no impactarán en el mermado sistema financiero europeo. Todo eso quisieron responder los dos dirty mexicans, pero estaban tan nerviosos que no saben si,en realidad, lo dijeron. Al final ya era lo de menos: El oficial está casi casi conmovido. Voltea a ver a los perros flacos mexicanos con cierto semblante de benevolencia y les regala, ahora sí, una sonrisa abierta. Los perros flacos mexicanos se la devuelven. Welcome to Europe, o algo así, les mencionó.

16 de septiembre de 2011. Vic, Cataluña

La primera escala de la gira fue en Vic, una ciudad ubicada a poco más de una hora de Barcelona. Ahí cada año, desde hace veintitrés, se realiza el Mercat de la Música Viva. En este festival se presentan artistas emergentes y consagrados de la escena musical española y de otras partes del mundo. Ahí nos topamos con Sal, de Discos Intolerancia (nuestra disquera), cosa que nos dio mucha confianza. La madrugada de ese caluroso día de septiembre tocamos en el escenario El Sucre: una carpa circence de color azul ubicada a unos cuantos metros del centro de la ciudad.

La verdad es que éramos los más ñeros, grasosos y ruidosos de todo el line-up: Primero tocó Yacine & Oriental Groove: una mezcla de rai y rock y sonidos orientales. Nos recordó a Rachid Taja. Luego siguió Gose: Una imponente banda que mezclaba sonidos de la música tradicional vasca con el punk y el electro. Su bella frontgirl  tenía un estilo oscuro e impactante. Realmente buenos de verdad. La noche la cerró La Kinky Beat, probada banda barcelonesa con una buena legión de seguidores en México. Drum & bass, dub, reggae de altos vuelos.

En medio de esa noche irrumpimos los puercos con nuestro caos sonoro. Balbuceamos algunas frases en catalán, rocanroleamos duro, sudamos la gota gorda, y, al final, el público se volvió una potente ola que nos arrastró a su locura pidiéndonos otra más. En el encore, alguien nos aventó una bandera de Cataluña, suponemos, en señal de aprobación. Hache, uno de nuestros tres monitos cilindreros de la línea de enfrente, se enfundó en ella y, como Juan Escutia ante las balas yanquis, se lanzó al público cual niño héroe.

Foto de Sadurni Verges, tomada del sitio: http://yfrog.com/hw5pd1j

Foto de Sadurni Verges, tomada del sitio: http://yfrog.com/hw5pd1j

Al final, empapados de sudor y adrenalina bajamos del escenario, subimos a una camioneta y tomamos un avión hacia Dusseldorf, Alemania. De ahí, la siguiente escala sería Berlín, donde habríamos de recoger la camioneta y el backline necesarios para continuar la gira hacia Suiza.

17 de septiembre de 2011. Tarragona-Berlín

Después de la tocada de Vic, llegamos al aeropuerto de Tarragona todavía temblando de la emoción. Nos fuímos de El Sucre con la sensación de que la noche había sido redonda. Aún traíamos en el oído el zumbido de los ruidosos catalanes festejando todas nuestras burradas. Después de este torbellino de emociones, arrivamos al viejo aeropuerto militar de Weeze, enclavado en un silencioso bosque alemán que hace frontera con Holanda. Atrás había quedado la ruidosa y efusiva noche catalana.

Aún vestidos con nuestras ropas deportivas rojas, la gente nos miraba como, en su momento,  se miró a los indios que Cristóforo Colón y sus mercenarios llevaron a la Corte Real para que les creyeran acerca de sus viajes al Nuevo Mundo. Obviamente, al salir del aeropuerto, nos detuvo la policía y nos preguntó que qué pitos tocábamos (o algo así). Al final todo trancurrió sin incidentes. Entonces empezamos a pensar que la gente nos confundía, por aquello de nuestras figuras esbeltas y pants rojos, con la delegación de gimnasia rítmica de la República Popular China. Entonces nos empezamos a dar nombres orientales para despistar al enemigo: Ling-ling, Pu-yi, Larry Ca-ñon-ga, etcétera. En fin,cualquier bobada era útil para menguar el estrés y el cansancio. Esto apenas iniciaba.

En el trayecto entre España y Alemania siguieron  algunos incidentes inecesarios para la armonía de las bandas, pero necesarios para ganar experiencia aplicable en un futuro que no existe. Primero tuvimos que pagar 100 euros en el aeropuerto de Tarragona porque las maletas son maletas y las guitarras son guitarras. Y es que  uno no puede pretender pasarse de pillo con las aerolineas europeas de bajo costo y, entonces, querer pasar una guitarra por maleta o viceversa. “Eso es una guitarra, no una maleta” nos dijo contundente la empleada de Ryanairs.

Empleada de la aerolínea: Son 50 euros por cada guitarra, así que son 100 euros.

Puercos: pero, pero….

Empleada de la aerolínea: Son dos guitarras por 50 euros cada una, son 100 euros de penalización

Puercos: pero, pero….

Empleada: Pero nada tío, las maletas son maletas, las guitarras son guitarras, son 100 euros de penalización.

(fin de la conversación)

¡Auch! eso sí dolió.

Cuando apenas nos íbamos sobando la espalda baja, acordándonos de esos 100 euros (que podrían ser útiles para comprar decenas de souvenires inútiles con nombres de ciudades europeas), el Deutsche Bahn (la empresa estatal que controla la imponente red ferroviaria alemana) nos dio otro empujoncito de 90 euros por comprar boletos de tren equivocados en el trayecto de Dusseldorf a Berlín. La ruta fue así: Tarragona-Weeze (100 euros de penalización por querer travestir una guitarra como maleta). Weeze-Dusseldorf (30 euros por 10 minutos de autobús). Dusseldorf-Berlín (40 euros de boletos de tren equivocados+50 euros de boletos de tren correctos). Al final del día teníamos 220 euros menos y mucha hambre.

Para acabarla de amolar: en uno de los trenes de camino a Berlín, nos topamos con unos pendejitos juligans que, a todas luces, buscaban bronca. Cuando nos vieron, comenzaron a gritar: Oh, fucking talibans, we don’t like terrorist, go home talibans. Como no les dimos viada, el más alcoholizado de ellos se acercó y en alemán nos preguntó: Was Sie hier machen? Gute frage, nein? (Qué hacen aquí? Buena pregunta, no?) Como no le dimos viada, entonces seguramente se fue a consolar, tejiéndose una chambrita viendo una foto de adolpitito hitler. Debíamos mantener la calma: la gira apenas iniciaba.

Al día siguiente llegamos a Berlín y nos encontramos con nuestro amigo Fer, cantante de la banda La Calzada de los Muertos (banda mexicana-alemana de Berlín). Hay que decir que, sin él, la gira no hubiera sido posible: Nos prestó el backline y nos facilitó las cosas para rentar la camioneta necesaria para continuar nuestro camino a Suiza. Cursimente punk, como es él, nos regaló una tarjetita con la imagen de unos puerquitos amontonados en una portería para impedir el gol. Traía una leyenda: Viel Glück! (!Mucha suerte!)

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